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U (o todas las Iris de Facebook)

En estos tiempos es redundante hablar de como la tecnología ha permeado nuestra vida. Son escasos los actos humanos que todavía no están mediados por artefactos tecnológicos. Quizás unos de estos actos son los procesos cognitivos del ser humano; no hay, todavía, un dispositivo que nos permita traer a la memoria algún recuerdo, que nos permita conectarnos directamente con los pensamientos del otro o incluso que nos permita adquirir conocimientos de forma automática.

 

Las compañías REAP Films y La jaula del conejo presentan la obra “U (o todas las Iris de Facebook)” la que nos cuenta la historia de una empresaria tecnológica que decide inventar un sistema en donde nuestra memoria se guarda en un servidor informático (“la nube”) , de forma que en cualquier momento se pueda acceder a ella. Sin embargo al ser su familia los primeros conejillos de indias, provocará un enfrentamiento entre ellos ya que puede que haya recuerdos que no se quieren traer al presente.

 

La puesta cuenta con las actuaciones de Gerardo Davila, Liliana Cruz, Cristina Alanís y Diego Salazar, a partir de una dramaturgia y dirección de Emanuel Anguiano y Cristina Alanís. Esta dupla de creadores ya habían trabajado los conceptos de neurociencia y teatro en el montaje “Spek”, temas que retoman en “U” y los ponen en un contexto mucho más cercano al espectador al utilizar a una familia como contexto para contar la historia.

 

 

La familia está formada por un padre con principios de alguna enfermedad degenerativa y un pasado que desea dejar atrás, una madre que ha encontrado en Facebook un escape a su realidad, un hijo desconectado de su familia y conectado a un mundo virtual con los peligros que esto conlleva, y una hija que lucha por sobresalir en el mundo de los negocios aún a costa de su familia. Además de los personajes de carne y hueso, se presenta un quinto personaje que es la mascota virtual del hijo menor. Ésta consiste en una inteligencia artificial contenida en un dispositivo digital, y cuya interacción vemos en vivo mediante una pantalla.

 

Hay varias escenas que son totalmente en video, en donde nos muestran algunas interacciones en redes sociales y fragmentos del trabajo previo del papá como presentador de televisión, por lo cual no se encuentran de sobra ni forman parte de un capricho. Es interesante que en esta puesta la multimedia pasa de ser un elemento decorativo a ser un elemento indispensable en la obra, ya que sin él no es posible contar la historia. Esto es riesgoso ya que parte de que una función sea exitosa depende del equipo tecnológico con el que cuente el espacio en que se presenta.

 

 

La historia ocurre en lo que pareciera ser un futuro no muy lejano, donde los niños ya no saben escribir porque no es necesario, y donde gracias a la tecnología es posible que recordemos todo, hasta la hora exacta en que le pusimos azúcar a un café. Ante ello la obra plantea la importancia del olvido para disfrutar del recuerdo y para ayudarnos a sobrellevar momentos no tan agradables en la vida.

 

Además, la obra nos da la oportunidad de reflexionar sobre cómo el uso personal de tecnología ha permeado y modificado las relaciones familiares. Por ejemplo, en la primer escena vemos lo que podría parecer una clásica foto familiar, con la mamá sentada en una silla, el papá de pie a un lado de ella y los hijos a los lados de ellos. Sin embargo en esta ocasión todos tienen en la mano algún dispositivo tecnológico acorde a sus tiempos: el papá un control remoto de una televisión, la mamá un teléfono celular, la hija mayor una tableta electrónica y el hijo menor un control inalámbrico de videojuegos. Los dispositivos ya han pasado a formar parte de la familia que hasta aparecen en las fotos familiares.

 

 

En otra escena vemos que existe un recelo por parte del papá para contarle a su hija su pasado. Ella en desesperación por conocer sus secretos tiene que conectar a su papá al sistema informático para acceder a través de éste al pasado paterno. Quizás hemos llegado a un punto en que la única forma de comunicarnos con los demás sea a través de un dispositivo electrónico.

 

La obra mantiene en todo momento un tono neutral, es decir no se va ni hacia el extremo de la tragedia ni hacia un tono cómico permanente. Esto no la exime de tener algunas situaciones cómicas relacionadas sobre todo con nuestra interacción con la tecnología. Sin embargo, la progresión dramática se va elevando hasta casi al final de la obra, en donde de la neutralidad se pasa a lo trágico y melodramático. Con ello se rompe todo el estilo de la obra, ya que pareciera que tanta tragedia está fuera de contexto no sólo dentro de la puesta sino dentro de la vida actual.

 

 

Así como en montajes anteriores como “Spek” o “De los laberintos se sale por arriba”, en “U” se nota la influencia del lenguaje cinematográfico en el desarrollo del montaje. Lo podemos ver en los cambios de escena en donde pareciera que hay un uso de distintos puntos de vista, similar el uso de distintos encuadres: en ocasiones la vista se orienta sólo a una parte de la sala, en otros hacia la sala completa, incluso en ocasiones pareciera que hay algunos close ups a los actores. Además hay una clara referencia a la serie Black Mirror, no solamente en el tema de cómo los adelantos tecnológicos se pueden volver en nuestra contra, sino en la forma en que se cuenta la historia.

 

Uno de los planteamientos finales de la obra tiene que ver con las implicaciones eticas y morales tanto de los avances tecnológicos como de esta nueva necesidad de vivir una vida en la red. ¿Realmente necesitamos recordar todo? ¿Para qué queremos saber todo? ¿Estar conectados nos está desconectando de los demás? Quizás son preguntas que el futuro responderá.

Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.