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Sión

Luchar contra demonios no es una tarea sencilla. Se necesita valor, coraje y hasta un poco de ayuda terrenal y divina. Luchar contra los demonios internos es todavía más difícil. Su ataque es más inesperado y conocen muy bien a su presa. Saben por donde colarse para debilitarnos y no dudarán en dar golpes certeros.
 
 
Tomando como base varios historias bíblicas y mitológicas, Sergio Moreno nos presenta “Sión”, un espectáculo unipersonal en donde interpreta a un demonio atrapado en una especie de purgatorio, quien debe cumplir una misión asignada por su maestro. Para ello, emprende un viaje donde tendrá que sortear diversas dificultades desde recuperar el cariño de su madre, reencontrarse con una demoníaca examante y hasta pasar por las tentaciones de la ciudad de Sodoma.
 
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El público acompañamos al demonio en esta travesía, ya que él mismo nos va relatando todo lo que le va aconteciendo. Nos convertimos poco a poco en sus cómplices y en sus compañeros de viaje. Él nos cuenta todo cara a cara, sin temor a ser juzgado. Total, no puede estar en un lugar peor.
 
El trabajo en escena es fascinante. Moreno explota casi al máximo su potencial tanto actoral como físico. Lo vemos enfrentarse a demonios más grandes que el lugar mismo, reclamar su espacio en el cuerpo de Pititis, su examante, y correr y correr y correr para salvar su vida. Se puede notar la amplitud de registro del actor, que le permite pasar de un escena dramática a una cómica en cuestión de segundos.

 
Sergio realiza este unipersonal a partir de un hecho determinante en su vida: la muerte de ambos padres en menos de dos años. Es entonces que toma al teatro como un medio para encontrar respuestas en medio del duelo. ¿A qué le podemos tener miedo cuando vemos la muerte tan cerca? ¿Qué nos espera en el “más allá”? ¿Con qué nos quedaremos cuando alguien cercano a nosotros se vaya o cuando nos vayamos nosotros?
 
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Aunado al trabajo actoral, la producción de la obra le da un toque especial al montaje. Un metatrón dibujado en el suelo, trazado con color blanco en perfecta simetría. Unos cuantos elementos de utilería, desde un cepillo de dientes hasta unos trozos de madera que evolucionarán durante el espectáculo. Además, la iluminación permite al espectador abstraerse del mundo físico y situarse claramente en un limbo desconocido.
 
 
Las armas para enfrentar a nuestros demonios están en lo más profundo de nuestro ser. Requerimos solo un poquito de valentía para ir a encontrarlas. El camino no será fácil y quizás nos encontremos con recuerdos que no queríamos volver a ver. La hazaña vale la pena, o cuando menos el intento.
 
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Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.