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Santa Sal

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Creer es un acto ciego. Vamos tientas por la vida, guíados sólo por nuestras creencias. Confiamos en que aquello en que creemos nos podrá librar de obstáculos y nos llevará al camino del bien. Todos queremos llegar allá, y es por eso que podermos creer en cualquier cosa que nos asegure lograr nuestro objetivo. La ceguera nos impide ver la realidad de la creencia.

En Santa Sal, Conchi León nos presenta una historia recurrente en varias zonas del país: la llegada de una mujer con supuestos poderes divinos a un pueblo aparentemente olvidado de la mano de Dios y del hombre. Esta santa, llevará a los habitantes del pueblo a enfrentarse con ellos mismos, dejándose encandilar por el brillo falso de la santa, quedando poco a poco a oscuras.

Con la dirección de Alberto Ontiveros, la producción de la Compañía Gorguz Teatro y un gran y diverso reparto integrado por Marcos Castillo, Fermín Sepúlveda, Vicente Galindo, Petty Maldonado, Rosalva Eguía, Anahí García, José Olivares, Pepe Mora, Ahidé Aguirre y Ángel Coronado, la obra se presentó en el Teatro del Centro de las Artes como uno de los proyectos beneficiados por el programa Puestas en Escena CONARTE.

La estética escenográfica y de trazo son parte de un sello de Ontiveros, quien utiliza algunas herramientas constantes que pudimos ver en “La Raiz de las Delicias” y que funcionan perfectamente en Santa Sal (incluyendo la cabeza de dinosaurio”.

La trama está basada en la historia de “La virgen de la Herradura”, una señora que se apersonó en la ranchería “La Herradura, ubicada en San Luis Potosí, afirmando que era hermana del Niño Fidencio y proclamando tener los mismo poderes que su supuesto hermano. Para poder acceder a sus “milagros”, la santa pedía a cambia bienes y dinero, los cuales aseguraba ir a entregar en limosna a una ciudad más grande, desapareciéndose varios días a la semana. Hasta que un día no volvió más.

Eran finales de los años veinte, en un México recuperándose todavía de la Revolución y empezando a emerger como país en progreso. Sin embargo, en muchas comunidades se seguía viviendo como en el siglo XIX, donde en los pueblos regía la fe antes que la ley. El caso de La Herradura no fue el único en donde se ubicaron supuestos seguidores o parientes de El Niño Fidencio. Éste, es quizás el fenómeno de fe mexicano más famoso del siglo XX.

Su fama se dio tanto por el fervor que despertó en sus seguidores, los cuales hasta la fecha siguen adorándolo, tanto por las críticas de la gente que afirmaron que se trataba de un gran timo, aprovechando la ignorancia de la gente.

En Santa Sal, el pueblo está ávido de maravillarse y de ser llevado a un mejor lugar, aunque no sepan ni dónde ni cómo es, ellos saben que existe algo mejor. No falta el loco que levanta un poco su antifaz y ve un poco de la luz, pero cuando quiere compartir lo que vio, lo vuelven a atar para que siga en la oscuridad.

Las actuaciones son maravillosas, tanto del talento joven como de los actores con mayor experiencia, logrando un muy buen balance. La obra avanza a un ritmo constante, como un viaje a caballo en el desierto.

Aunque la puesta en escena pudiera ubicarse en ese México llegando los años treintas, pudiera también estar ubicado en pleno 2015, en alguna de las rancherías que siguen existiendo, en alguna zona popular o incluso en una colonia privada de San Pedro. Las vendas son muy fáciles de poner, lo difícil es querer volver a ver la luz.

 

 

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FICHA TÉCNICA
Reparto
Marcos Castillo – Pedro
Fermín Sepúlveda – Jobito
Vicente Galindo – Juan
Petty Maldonado  – Elena
Rosalva Eguía – Magdalena
Anahí García – Atocha
José Olivares – Emmanuel
Pepe Mora – Gabriel
Ahidé Aguirre – Ella
Ángel Coronado – Militar
Texto de Conchi León
Dirección de Alberto Ontiveros
Asesoría- Hugo Arevillaga
Luminotecnia – Gerardo Valdez
Diseño de imagen – Francisco de Luna
Diseño de espacio escénico – Ernesto Cruz
Realización de espacio escénico – 4Estudio
Ilustración: Monck Beyond (Montreal)
Dirección vocal: Bruno Sangar
Dirección Corporal: José Olivares
Asistente general: Erika López
Producción Ejecutiva: Patricia Loya
Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.