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Mensaje del Día Mundial del Teatro 2016

El Instituto Internacional del Teatro promueve la celebración, cada 27 de marzo, del Día Mundial del Teatro. Este instituto, surgido a partir de una iniciativa de la UNESCO, invita cada año a algún artista reconocido globalmente para compartir una reflexión acerca del teatro y la cultura de la paz.
 
En este 2016, el artista seleccionado fue el director ruso Anatoli Vassiliev, quien es fundador de la Escuela de Arte Dramático del Teatro de Moscú y fue nombrado embajador mundial del teatro por parte de la UNESCO en 2008.
 
Vassiliev nos remarca que el teatro puede decirnos todo y nos recuerda que es un arte que nos humaniza, que nos acerca a los otros de nuestra misma especie y nos permite empatizar con ellos.
Jardín en Llamas se une a esta celebración, compartiendo el espíritu de difundir el teatro a través de quienes lo hacen y quienes lo ven.
 
A continuación el mensaje de Anatoli Vassiliev, a partir de una traducción de Carlos López. El mensaje original y otras traducciones están disponibles aquí
 
 


 
¿Necesitamos teatro?
 
Esa es la pregunta que se hacen miles de profesionales del teatro decepcionados y millones de personas cansadas de él.
 
¿Para qué lo necesitamos?
 
En los años en que la escena es tan insignificante en comparación con los espacios públicos de las ciudades, en donde se presentan las auténticas tragedias de la vida real.
 
¿Qué es él para nosotros?
 
Galerías y balcones bañados de oro y plata en las salas de teatro, sillones de terciopelo, sucios hombros de teatro, voces de actores bien pulidas; o viceversa, algo que puede lucir aparentemente diferente: cajas negras, manchadas con barro y sangre, con un montón de rabiosos cuerpos desnudos dentro.
 
¿Qué es capaz de decirnos?
 
¡Todo!
 
El teatro puede decirnos todo.
 
Cómo los dioses habitan en el cielo, y cómo los prisioneros languidecen en olvidadas cuevas subterráneas, y cómo la pasión nos puede elevar, y cómo el amor puede destruir, y cómo nadie necesita a una buena persona en este mundo, y cómo reina la decepción, y cómo la gente vive en departamentos, mientras que hay niños que se marchitan en campos de refugiados, y cómo todos tienen que regresar al desierto, y cómo día tras día estamos obligados a desprendernos de nuestros seres amados. El teatro puede decir todo.
 
El teatro siempre ha estado y permanecerá por siempre.
 
Y ahora, en estos últimos cincuenta o setenta años, es particularmente necesario. Porque si echas un vistazo a todas las artes públicas, puedes ver inmediatamente que sólo el teatro nos da una palabra de boca a boca, una mirada de ojo a ojo, un gesto de mano a mano y de cuerpo a cuerpo. No necesita ningún intermediario para funcionar entre seres humanos. Constituye el lado más transparente de luz. No pertenece ni al sur, ni al norte, ni al este, ni al oeste. Más aún: es la esencia de la luz misma, brillando desde las cuatro esquinas del mundo, inmediatamente reconocido por cualquier persona, ya sea hostil o amigable hacia él.
 
Y necesitamos teatro que permanezca siempre diferente, necesitamos teatro de muchos tipos diferentes.
Aun así, creo que de entre todas las formas de teatro, las formas arcaicas demostraran ahora ser las de mayor demanda. El teatro de formas rituales no debe ser artificialmente opuesto a aquél de las naciones “civilizadas”. La cultura laica está ahora siendo más y más castrada, la llamada “información cultural” sustituye y elimina gradualmente entidades simples, así como nuestra esperanza de eventualmente cumplir con ellas un día.
 
Pero puedo ver claramente ahora: el teatro está abriendo sus puertas de par en par. Entrada libre para todos y para todo el mundo.
 
Al diablo los gadgets y las computadoras, ¡Sólo ve al teatro, ocupa filas enteras de butacas en las galerías, escucha al mundo y ve imágenes vivientes! El teatro está frente a ti, no lo descuides y no pierdas la oportunidad de participar en él, quizás sea la más preciosa oportunidad que tendremos en nuestras vanas y apuradas vidas.
 
Necesitamos todos los tipos de teatro.
 
Sólo hay un teatro que seguramente nadie necesita. Me refiero al teatro de juegos políticos, un teatro de políticas “ratoneras”, un teatro de políticos, un teatro inútil de política. Lo que sin duda no necesitamos es un teatro de terror cotidiano, ya sea individual o colectivo, lo que no necesitamos es el teatro de cuerpos y sangre en las calles y en las plazas, en las capitales o en las provincias, un teatro falso de los enfrentamientos entre religiones o grupos étnicos.
 


Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.