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La vida es sueño

Acercarse a un clásico de la literatura mundial para llevarlo a escena representa siempre un reto por varias razones, ya sea por el desafío de encontrar la vigencia del texto en el mundo actual, por trasladar la obra a un teatro contemporáneo o incluso por las expectativas que puede generar una historia muy conocida.

 

Como parte de la iniciativa Teatro Nuevo León, el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (CONARTE) presentó el pasado fin de semana su primer producción de gran formato “La vida es sueño. El texto, escrito en el siglo XVII por Pedro Calderón de la Barca, fue llevado a escena bajo la batuta de Mónica Jasso, con un reparto integrado por Gerardo Dávila, Juan Benavides, Sofia Gabriel Rodríguez Luna, Ximena Villarreal, Gerardo Guardado, Luis Alberto Sánchez García y León Díaz Conti.

 

 

En la historia, Basilio, rey de Polonia, decide encerrar a su hijo único Segismundo dada una predicción de que éste será un rey que oprima a su pueblo y que humillará a su padre. Un día el rey duda de la predicción y decide darle una oportunidad a su hijo de que experimente lo que es ser rey, por lo que le pide a Clotaldo, quien hacía las veces de carcelaro de Segismundo, le dé una droga que lo dormirá profundamente para despertar en palacio convertido en príncipe. Segismundo, ajeno al mundo más allá de su encierro, se comporta de la peor manera posible, ofendiendo a su misma familia e incluso matando a uno de sus criados. Ante esto, el rey se da por vencido y decide regresar a hu hijo al encierro, haciéndole creer que todo fue un sueño. El pueblo se entera que hay un príncipe heredero, se rebela contra el rey, lo libera y lo proclama su rey. Segismundo, creyendo que todo lo vivido fue un sueño, se comporta entonces como un gobernante justo y honesto.

 

Para la puesta en escena que pudimos presenciar, se decidió utilizar el texto casi original, con algunas pequeñas modificaciones realizadas por la propia Jasso. Valdría la pena preguntarse si era necesario utilizar el texto tal cual fue escrito, en español antiguo, para una audiencia que lleva casi dos décadas viviendo en el siglo XXI. El lenguaje que se utiliza en el texto original ya no es el lenguaje que escuchamos en nuestra vida diaria, ni tampoco el que escuchamos sobre la escena. Si bien no se menosprecia la belleza de los versos de Calderón de la Barca, sí era una buena oportunidad para traer la historia de Segismundo al 2018, con un lenguaje más actual, lo que hubiera ayudado a que la obra fuera menos tediosa e incluso pudiera fluir de mejor manera.

 

 

Las actuaciones fueron un tanto desniveladas. Por un lado los experimentados Gerardo Dávila y Juan Benavides demostraron sus tablas en un escenario de las dimensiones del Teatro de la Ciudad. Dijeron los versos en su forma y ritmo correctos, tanto así que parecía que era su forma natural de hablar. Por otro lado, Sofía Gabriel, quien interpretó a Rosaura, destacó entre el reparto joven por su capacidad histriónica y su facilidad para hablar en verso. Se notaba claramente que ella viene de una escuela diferente a las que tenemos en Monterrey, lo que me pone a pensar si los egresados de las escuelas de teatro regias están en condiciones de competir con los de otros estados. León Díaz Conty, Luis Alberto García y Ximena Villarreal cumplieron con su papel: Díaz Conty como un sirviente “modernizado” al que le gusta el rap y El Gran Silencio; García interpretando a Astolfo, encarnándolo en un joven altivo y un poco donjuanesco, eso sí, con gran porte; y Ximena haciendo el rol de Estrella, una joven consentida que se mueve de acuerdo a como vayan las aguas.

 

Una de las parte más importantes de “La vida es sueño” es el mónologo de Segismundo, en donde el personaje nos invita a reflexionar sobre el sentido que le damos a la vida y nos lleva casi de la mano a su despertar como rey. Sin embargo, en la obra nos encontramos a un Segismundo que no terminó de despertar. La actuación de Gerardo Guardado no alcanzó a llenar el escenario, todo el tiempo tuvo un mismo tono, sin enojarse completamente, sin reflexionar cabalmente lo que se estaba diciendo e incluso perdiendo el ritmo del verso.

 

 

Uno de los puntos destacables de la obra es la escenografía diseñada por Gabriel Pascal. La estructura está hecha en madera cruda, sin barnizar y sin ningún decorado. Ésta consiste en una estructura piramidal con cuatro accesos a los lados por donde entran casi todos los personajes y, al centro al fondo, un espacio que simula un vacío, y que se vuelve el único espacio por donde Segismundo entra y sale. Hizo falta un mejor juego con la iluminación ya que sólo al inicio de la puesta se utilizaron unas sombras que destacaban en contraste con la escenografía, pero de ahí en delante la iluminación sólo variaba muy ligeramente su intensidad.

 

Es importante mencionar la propuesta conceptual de Jasso que está llena de elementos anacrónicos y atemporales. Podemos ver a un rey con las mejores galas, a un sirviente vestido de hip-hopero o a una mujer de la nobleza ataviada al estilo steampunk, junto con una canción de Plastilina Mosh y un hombre de Vitruvio descendiendo de los cielos. El conjunto de todas estas partes funciona al proponer que el hombre no es necesariamente el que está en este presente, sino el mismo que ha sido por el paso de los tiempos. Es así que la historia de Segismundo puede ser trasladada a cualquier lugar en el tiempo y seguir vigente.

 

 

Teatro Nuevo León es quizás una de las iniciativas teatrales más importantes en los últimos años en el estado, no sólo por la relevancia de contar con producciones de gran formato, sino también por todo lo que se genera alrededor de ellas. Por ejemplo he visto varias publicaciones comentando sobre la obra, ya sea notas en prensa escrita o reseñas en blogs, es decir, se está hablando del teatro, el hecho teatral está siendo tema de conversación e incluso de debate. Este tipo de prácticas son muy necesarias para el desarrollo del teatro regiomontano.

 

Afortunadamente para este 2018 sí está etiquetado el presupuesto para TNL (la producción de “La vida es sueño” se hizo con “guardaditos”), lo que generará expectativas sobre qué obra será la siguiente y quién la dirigirá. Espero que pueda ser un proyecto que esté programado más fechas en el recinto principal, y que tenga continuidad al terminar la presente administración de gobierno.

 

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Duerme soñando.

 

Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.