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Fractales

Ana es una actriz con un sueño: salir en la próxima película de Iñárritu. Sin embargo, la vida no ha sido amable con ella y ella no ha sabido deshacerse de las malas experiencias por las que ha pasado, convirtiéndose éstas en una carga que le estorbará al momento de conseguir su sueño.

 

Esta es la historia que conoceremos en Fractales, una obra escrita por Alejandro Ricaño y dirigida en Monterrey por Ricardo Traviezo. La puesta que se estrenó en Foro Arcadia, es su primer aventura formal como director, después de experimentar los últimos años como dramaturgo de obras breves y participar en algunos montajes como actor.

 

 

En sus textos, Traviezo hace uso de la voz narrativa para contarnos historias, por lo que el estilo narrativo de las obras de Ricaño no le es ajeno, e incluso parece empatar muy bien con su propio estilo. Aún así, el director se arriesga a presentar una propuesta mucho más contemporánea evitando las referencias hipster/melancólicas del teatro de Ricaño y en su lugar usa referencias a la cultura pop estadounidense de los años ochentas y noventas.

 

Fany Salazar, quien interpreta a la protagonista, que todo el tiempo está trayendo al presente sus recuerdos. trae una playera con una carita feliz como la que porta Stevie en la película Pups al momento de robar el banco junto con su mejor amiga. Amaranta Villarreal, quien da vida a las amigas y cómplices en la vida de la protagonista, porta una playera de la película Volver al futuro . Igualmente veremos a Emmanuel Elizondo, quien interpreta a los personajes masculinos, como un terminator que se reaparece en la vida de Ana.

 

 

El espacio escénico, diseñado por Jeany Carrizales, está delimitado por una tela blanca alrededor del escenario situándonos en un lugar que no parece ser conocido, lo que pudiera ser un espacio mental: la memoria de Ana. Cada escena corresponde a un recuerdo de la vida de la protagonista, al cual el director le asigna un color específico, por lo que veremos desfilar toda una gama de colores en el escenario, dependiendo del tono de cada cuadro. Esta iluminación no es funcional en todas las escenas, ya que en vez de que sea sólo el espacio el que cambie de color, tambien los actores (y su vestuario) se vuelven del color iluminado.

 

La obra hace uso de música incidental, sobre todo en los cierres de cada escena, que le otorga un ambiente cinematográfico, ya que es muy parecida a la que podemos encontrar en películas recientes de ciencia ficción. Esto refuerza la idea de estar en un lugar ficticio, en la mente de la protagonista, donde las escenas pasan una tras otra tras otra.

 

 

El texto de Alejandro Ricaño nos muestra, por un lado, que en nuestras vidas siempre habrá momentos dolorosos y difíciles, que si no logramos superar se volverá caótico el poder avanzar y conseguir un sueño. Por otro lado, nos deja una pequeña dosis de esperanza de que las cosas pueden mejorar aún y que fracasemos en el primer intento. La propuesta de Ricardo Traviezo conserva esta dualidad, la adereza con una estética contemporánea y ofrece una mirada desde una melancolía pop.

Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.