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Entrevista a Luis Escalante

Llegué a un pequeño local ubicado en la colonia Mitras Centro unos diez minutos antes de la hora acordada. Antes de avisarle que ya había llegado, Luis Escalante abrió la puerta y me invitó a pasar. Me comentó que seguían ensayando y que en un ratito podíamos iniciar con la entrevista. Mientras tanto los actores de Sísifo, repetían una de las últimas escenas. Sentados en el suelo, esperaban a que la música cambiara para levantarse y caminar hacia el frente. Era el ensayo dominical. Luis dió unas breves anotaciones a Alix Patiño, quien se integra en esta temporada al proyecto, y corrigió unos detallitos con el vestuario. Terminó el ensayo y empezamos con la entrevista.
 
¿Cómo te decides a montar esta obra?
El proyecto inició hace como dos años. A mí siempre me ha parecido interesante la pregunta ¿Cuál es el sentido de la vida y de la existencia? y quería hacer algo relacionado con eso. Entonces me topé con un texto de Albert Camus, “El mito de Sísifo”, que es un ensayo filosófico sobre la existencia humana. En él encuentro que, a través de analizar el sentido de la existencia humana se puede crear algo. Sísifo es el héroe de lo absurdo, su existencia no tiene ningún sentido: subir y bajar la piedra por la eternidad. La mejor forma de abordar el tema fue a través del absurdo, una trilogía del absurdo.
 
¿Por qué ampliar el proyecto a tres obras y no quedarte sólo con una?
El proyecto está pensado desde el principio como una trilogía para poder tener el tiempo suficiente para indagar e investigar. Muchas veces cuando terminas un proyecto quedan puertas abiertas que es necesario explorar. La trilogía nos permite entonces ir avanzando en esos caminos que se van abriendo. En un inicio no sabía hacia donde iba, ni qué es lo que iba a obtener. Ahorita que ya obtuvimos algunas respuestas, no sé qué va a pasar ni en la segunda ni en la tercera.
 
¿Cuáles han sido esas respuestas que encontraste?
La primer temporada de la obra nos ayudó mucho a terminar de definirla. Encontramos que lo único que existe es el caos. Antes y después de todo, incluso del universo, hay caos. Esto nos permite redondear más la idea de la primer puesta en escena y nos da pie a trabajar con las siguientes partes.
 
¿Qué esperas de las siguientes partes?
Muy pronto espero ya visualizar los conceptos  de la segunda parte, que podría ser la guerra que aniquila el hombre, el final del ser humano, de la humanidad. La tercera parte podría tratar acerca de de volver a la humanidad. Algo que me interesa en general que es el teatro filosófico y hacer investigación en esa área. Lo llamo así porque tiene, de manera inherente, las grandes preguntas de la filosofía, es algo que siempre he tenido la inquietud: ¿qué somos?¿ a dónde vamos? ¿cuál es el sentido de todo? Todas esas preguntas filosóficas me parece que es interesantes llevarlas al teatro, a un teatro filosófico.
 
Para las siguientes obras de la trilogía, ¿tienes pensado seguir el mismo proceso de creación o buscarás otra alternativa?
Todavía no sabemos. Es posible que nos vayamos por un camino totalmente diferente.
 
Te gustaría en algún momento montar la trilogía al mismo tiempo.
Claro que sí, sería un gran reto. A lo mejor en un año y medio que ya completemos todo el proceso.
 
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Sísifo es como una colección de escenas, que parecieran tener un hilo conductor. ¿Cómo fue el trabajar la ruta para llegar al espectáculo?
Es una creación colectiva tanto de los actores, de Gabriel Contreras, el dramaturgo y mía. Lo que hicimos fue investigar todos, de forma individual y grupal, algunas líneas o temas que se derivaban del tema de Sísifo y la existencia humana. Después de eso, intercambiábamos los hallazgos y empezamos un proceso de improvisación. Cada quien eligió un tema relacionado con el gran tema y empezamos a hacer en escena en conjunto. Después fuimos acotando, improvisando con temas específicos y con un poco de dirección mía. Posteriormente hablé con Gabriel, quien vió el material y nos ayudó a generar escenas y diálogos de manera más estructurada. Al final, ya con las propuestas de todos, la visión externa mía como director fue darle una estructura. Más que contar una historia clásica que tenga un inicio, desarrollo, clímax y desenlace, buscamos una poética del ritmo, que nos permita mantener atenta a la gente, por lo cual nuestra dramaturgia y poética va más hacia los ritmos. Apelamos más a una cuestión de sensaciones y de que quede al final una especie de reflexión sin tanto razonamiento. ¿Qué pasó? ¿Qué es esto? ¿Es un sueño?
 
Contaste además con el apoyo de otros tres dramaturgos…
Sí, Gilberto Loredo y Arturo Torres estuvieron en el trabajo previo muy inicial, incluso antes de la investigación. Yo les pedí que me escribieran 5 escenas sobre el absurdo, las cuales se volvieron un referente para tener visiones diferentes, por eso aparecen como gérmen literario. En el caso de Vidal Medina, me ayudó a investigar, documentar y desarrollar a profundidad temas en específico, para después trabajar sobre ellos. También contamos con el apoyo de Monica Jasso quien nos asesoró en todo el proceso de la puesta en escena, fue de gran ayuda su generosidad.
 
¿Tuviste algunas referencias del trabajo de otros creadores?
Investigamos el trabajo que hace Eugenio Barba, Bob Wilson, que hace teatro en cámara lenta, y Claudio Valdés Kuri con la compañía Teatro de Ciertos Habitantes.
 
Hay un trabajo multidisciplinario en Sísifo, con gente que viene de diferentes disciplinas ¿Así fue pensado desde un inicio?
Sí. Tener un equipo interdisciplinario te permite integrar visiones diferentes, lo cual siempre ha sido mi objetivo. Es mi primera obra, y para mí es un proceso de aprendizaje, aprender a dirigir y aprender este lenguaje en escena. Por eso mismo me interesaba incluir muchas visiones y muchas formas de abordar el trabajo escénico.
 
¿Cómo te sentiste en este paso de actor y productor a director?
Muy bien, estoy muy a gusto y entusiasmado con la investigación, de continuar con este proyecto, seguir la segunda parte. En un momento llegué a cuestionarme si era buena idea haber metido gente tan diferente al proyecto, por lo complicado que resultaba unificar esos talentos. Sin embargo, era parte de una apuesta que hicimos desde el inicio. Esa diversidad de visiones nos permite abrir puertas que con una sola disciplina no hubiera sido sencillo realizar. La idea es encontrar cosas, ir a otros lados, a los que yo solo no sabría llegar.
 
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Dentro de la obra hay mucho trabajo con el cuerpo, todo son acciones, movimiento, lenguaje totalmente corporal. ¿Cómo fue el trabajar con el cuerpo o los cuerpos?
Para mí el teatro debe pasar por el cuerpo. El teatro que es solo de palabra es muy bueno, pero es algo que a mí no me mueve demasiado. El proceso de montar esas obras ya escritas no te permite ir a muchos lados porque ya está delimitado. El trabajo abierto, interdisciplinario, que incluya a creadores con una calidad corporal, con un entrenamiento corporal es algo que a mí me interesa muchísimo. Borda un poco la línea entre el teatro y la danza. Lo ideal es que los actores sean bailarines, cantantes, músicos y todo, que puedan hacer de todo. El teatro que me interesa es aquel donde el cuerpo está muy presente y donde el cuerpo cuenta muchas cosas.
 
Incluso el cuerpo en partes está presente. Hay una escena donde vemos eso, el cuerpo en partes, lo que provoca una risa de doble filo cuando te das cuenta de que te ríes de una barbarie. ¿Ves a la comedia como medio de reflexión?
La comedia es muy fuerte, muy potente, incluso más profunda que la tragedia. La comedia te aligera las cosas, pero abajo hay un asunto muy profundo, lo cual hace que te impacte más. Cuando la gente toma esa conciencia después de haberse reído, es un golpe mucho más fuerte. Eso es el absurdo, y por eso nos interesa mucho estudiarlo: puedes tratar temas muy complicados, pero con una aparente ligereza que te ayude a llevarla a la gente.
 
Camus en su texto pone como ejemplo del hombre absurdo al actor, quien cada noche renace y muere en otra persona, por lo que su vida como actor no tiene sentido si cada noche va a morir. ¿Exploraron en su trabajo este tema?
Sí, por eso mismo en el espectáculo hay una parte donde nos distanciamos un poco del teatro. En esta temporada incluimos una escena donde nos cuestionamos el sentido que tiene el que haya gente que nos estén escuchando en la obra de teatro. Es absurdo que estemos todos en escena y haya un público creyendo todo lo que estamos haciendo. Así, ponemos en conflicto la convención del teatro. Nuestro objetivo siempre es como cortar lo establecido, generar el caos y que al final quede la sensación de que nada tiene sentido.
 
Regresando a Camus, él habla de la muerte como una manera de entender la vida. El actor lo que hace al terminar la función, muere y en esta obra al ser escenas diferentes, pareciera ser más absurdo porque el actor va a morir y renacer varias veces.
Es reflejo de la vida. No tiene ningún sentido vivir si al final vamos a morir. Tampoco tiene sentido el teatro, pero existe y existimos. Esa es la reflexión que queremos decir: al parecer somos producto del caos, a Sísifo le gusta caminar y a Marisol le gusta bailar. Tampoco somos pesimistas, porque al final dejamos una pincelada donde queremos decir que hay que vivir y disfrutar la vida, demostrar que existe algo que nos encanta de la vida.
 
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Otra cosa que me llamó la atención es la parte visual. Hay una paleta de colores, una selección de materiales ¿cómo fue ese proceso en la parte de producción visual?
El vestuario lo trabajamos con Steph Orozco, que es una diseñadora joven y que ha estado haciendo cosas importantes. Yo solamente le pedí algunos colores, de acuerdo a algunos que ya habíamos sacado en la investigación: ocres, verdes militares, cosas que tuvieran que ver con la tierra. Elegimos esos colores porque queríamos estar muy cercanos a la naturaleza, pero ficticia. Creo que en la primera temporada faltó ensuciarnos más, espero que en la segunda temporada logremos ser un poco más universales.
 
Hay un elemento en la obra que es el único contacto con el exterior, el teléfono rojo. ¿Cuál es la intención?
Los políticos y presidentes tienen un teléfono rojo que es una línea especial con la que se comunican con el jefe. Entonces, si suena el teléfono rojo es que hay noticias importantes, que tienen trascendencia. ¿Cuál es el sentido de que sea rojo?
 
Algo que también menciona Camus es que cuando el hombre absurdo se da cuenta de su inutilidad, es cuando empieza a ver cosas que pueden definir su existencia…
Sí, porque si no te separas de eso, si no tienes una conciencia de que no hay un sentido claro de las cosas, pues vives en la vida cotidiana, te conviertes en Sísifo. En ir al trabajo todos los días, comprarte una casa, comprarte un coche, ir a Cancún. Cuando te das cuenta de la realidad, puedes empezar a entender muchas cosas.
 
¿Les gustaría que después de ver la obra, los espectadores redefinan su existencia?
Esperamos que al finalizar la obra, los espectadores experimenten algo, les abra una puerta y se salgan de estructuras que ya tienen.

 

A Sísifo le gusta caminar, a Marisol le gusta bailar.

Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.