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Directoras de teatro en Monterrey: reflexiones preliminares para una investigación.

Vivir no es vivible, tendré que crear sobre la vida. Y sin mentir, crear si, mentir no. Crear no es imaginación, es correr el gran riesgo de acceder a la realidad. Entender es una creación, mi único modo.
Clarice Lispector

La elección de hacer, pensar, dirigir teatro es la manera en como quiero relacionarme con el mundo. He aprendido que la vida no se manifiesta con una estructura dramática aristotélica, al contrario, estamos hechos de historias (parafraseando a Galeano) cada una con su significante. A veces toca que te hable la piña que está al centro de la mesa, o el Harlem Shake que se deja escuchar en la computadora. El teatro es esa especie de frontera entre la ficción y la cotidianidad.
El primer recuerdo que tengo del teatro, es la sensación que me provocaba estar afuera de el y ver a los de “adentro” como poseedores de un gran secreto ¿Quién estaba detrás de todo eso? Cuando elegí dedicarme al teatro supe de manera teórica que detrás estaba alguien que dirigía, alguien que producía, alguien que le movía a las luces, alguien.  Sin embargo la pregunta continuaba en mi cabeza y se volvía cada vez más entrañable.
El teatro se volvía cada vez más grande, majestuoso, inalcanzable, me sentía intimidada por las grandes figuras del teatro y la literatura. La única manera que encontré para dejar de temer fue precisamente desacralizándolo. Me parecía (y me sigue pareciendo) necesario quitarle la carga intelectual y el estigma de inaccesible, sin que eso signifique separarlo de sublime ¿Qué más sublime y más humano que el miedo?

 

 

 

Desmantelados, 2015

 

 

 

De esa manera busqué desmitificar el objeto del miedo y “Desmantelados” (2012 )  es el ejemplo más claro. Recuerdo muy bien que fue Elvira Popova quien me encomendó la difícil tarea de leer la obra de Heiner Müller para escribir una reseña sobre él. Cuando terminé el texto yo quería verlo en escena ¿Cómo? No sabía. Hice una recopilación de textos completamente desligados, se los presenté a Rodolfo Cantú y a Carlos Piñón. El resto es historia.   Desafiamos la articulación de la frontera entre la ficción y la realidad, usando las atroces palabras de Heiner Müller quien hasta este momento ha sido mi gurú. De alguna manera burlamos al miedo, refrescamos el discurso, nos reímos mucho de nosotros mismos y, sobretodo, de nuestras pretensiones artísticas. Desmitificamos la figura del actor, del director (¡directora!) y de la ficción.
Mi forma de desafiar al miedo fue eligiendo a dos actores diametralmente opuestos a enfrentar distintas escenas dictadas por una directora; quizá así me imaginaba el teatro en su forma más rudimentaria. Con el tiempo fui comprendiendo otros factores como la importancia del proceso de creación más que del resultado del mismo. Eso me pasó particularmente con “Perro” (2015) porque a pesar de que solo dimos una función en Monterrey, el proceso fue tan significativo que incluso el montaje sigue presentándose en Colombia.
Definitivamente sigo creyendo que quiero usar el teatro para cuestionarme los límites de la experiencia humana, permitirme la desmitificación de lo que creo o creo creer y buscar la complicidad entre la ficción y el mundo. Me dedico al teatro porque promueve la agresividad, el impulso y la estrategia.

 

 

 

Perro, 2015

 
Mi carrera ha sido acompañada en su mayoría de mujeres. Detrás mí siempre hay unos ojos calculadores que guían y me han guiado: Elvira Popova, a quién me debo. Tuve la fortuna de ser asistente de dirección de Mónica Jasso y verla dirigir a actrices de la talla de Morena González, Sonia Franco, Adriana Buttoi, sumamente inspirador.
Me surgen entonces dos preguntas importantes: ¿quiénes son las mujeres que dirigen teatro en Monterrey? y ¿por qué el número de directoras es menor en comparación con los hombres que se dedican a la dirección?
Para llegar a algunas respuestas a dichas preguntas, pretendo hacer un corte generacional para indagar en la vida artística de cinco directoras y conocer su punto de vista.  Si bien es cierto que actualmente hay mujeres que se desempeñan igualmente en  la producción, la asistencia técnica, la dramaturgia y la actuación, me parece idóneo trazar un mapa temporal a partir de las mujeres que se dedican a dirigir. En las próximas entregas presentaré los perfiles de estas mujeres y algunas otras reflexiones sobre el tema.
¡Larga vida!

Mayra Vargas

Folclórica. Abandonó la cordura por fiel elección. Cafeinómana, tarotista, teatrista, escritorista nacida en la capital espacial de las tunas San Luis Potosí. S.L.P en la fiebre de los años noventa.  Licenciada en Arte Teatral por la Facultad de Artes Escénicas de la UANL. Co-fundadora del colectivo teatral “El Gato Tuerto”. Como directora, ha dirigido las obras de teatro: "Desmantelados" seleccionada para el Festival de Teatro de Nuevo León 2014 y Festival “Tomada Urbana” en Río de Janeiro, Brasil en 2015; “Perro” en (2015), “Vestigios” (lectura dramatizada) de Vidal Medina en 2014 y “Todo está bien” (lectura dramatizada) de Alejandra Reyes en 2016. Actualmente co-dirige “El Gran Show del Mago Ramón: hipnotismo, magia y clarividencia” monólogo seleccionado para el Festival de Teatro de Nuevo León 2016. Fue Becaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) 2015-2016 para desarrollar “Chimpancé: una máquina biológica” bajo la dirección de Patricia Estrada y David Colorado. Llevó la locución del programa de radio "Espacio Escénico" de la estación universitaria de la UANL. Su trabajo como investigadora escénica ha sido publicado en diversas ocasiones en la revista "Homo Escenicus". Como actriz ha trabajado con directores teatrales como Javier Serna, Vidal Medina y Rodolfo Cantú. Ha asistido a directores como: Mónica Jasso, Orlando Tovar y David Colorado.