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Cráneo

En los años treintas una adolescente descubrió un par de esqueletos en la zona de la Barranca del Cobre, en Chihuahua. De ellos sólo pudo conservar los cráneos, ya que una tormenta se llevó las otras partes. Los resguardó en su casa hasta su muerte, ocurrida en los noventas, tras lo cual pasaron a manos de sus padres adoptivos. Ellos acudieron con el investigador LLoyd Pye para descrifrar a quién pudieron pertenecer los restos. Después de varios estudios, Pye encontró que ambos cráneos tenían alrededor de 900 años de antigüedad y en uno de ellos, el más pequeño, no se encontró el genotipo del ADN del padre. Ante esto, Lloyd Pye determinó que dicho cráneo pertenecía a un niño cuya madre fue humana y su padre un alien.

 

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A partir de dicho acontecimiento, Edgar Chías, recientemente galardonado con el Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón, escribió la obra “Cráneo”. En el texto, Chías aprovecha para ligar la historia del niño de las estrellas con la de un investigador argentino partícipe en las investigaciones sobre los 43 normalistas de Ayotzinapa, usando para ello una especie de falso documental con tonos de comedia negra.

 

“Cráneo” fue llevado a escena en Monterrey por la Compañía Gorguz Teatro, bajo la dirección de Alberto Ontiveros y con las actuaciones de Rosalva Eguía, Liliana Cruz, José Olivares, Eduardo Guardado, Luis Guerrero y Ximena Villarreal. El montaje, llevado a cabo en el Teatro de las Artes ubicado en el Parque Fundidora, se realiza dentro de un círculo de luces azules, en el cual los seis actores se mantienen durante toda la función, incluso para realizar cambios de vestuario.

 

 

El texto fluye de forma lineal, con algunos flashback a la historia previa tanto del investigador argentino como de Lloyd Pye, así como un par de escenas, quizás las más conceptuales, donde conocemos la historia del niño de las estrellas.Es en estas escenas donde se integra la dramatización al documental. Los diálogos tienen varias referencias a la cultura pop, la cultura americana y la cultura mexicana contemporánea. Incluso hay por ahí algún texto influenciado por Los Simpsons.

 

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Para contar esta historia, Ontiveros se vale del uso de un narrador múltiple cuya voz se reparte entre los actores. Estos en ocasiones toman un personaje como suyo, aunque al final regresan a ser parte de ese personaje colectivo. La sincronía entre los actores permite que se mantenga el ritmo del relato, aunque en ocasiones corren el riesgo de atropellarse en los diálogos.

 

La obra cierra la trilogía de lo árido, una serie de puestas en escena propuesta por Gorguz Teatro y conformada además por “La raíz de las delicias” y “Santa Sal”. Esto no implica necesariamente que las tres obras tengan una continuidad, sino que es más bien como un tríptico sobre un mismo tema. Aún así, en “Cráneo” encontramos guiños a las otras puestas: una máscara de triceratops usada por José Olivares (“La raíz de las delicias), acciones concretas como el pararse arriba de un banco (“Santa Sal”), el uso de una mesa larga (ambas puestas) y hasta algunos de los actores.

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El abordaje al tema de los 43 normalistas de Ayotzinapa se hace de una forma muy sutil al mencionarse sólo un par de veces. Quizás la escena más impactante sobre este tema es una plática informal entre los personajes mientras degustan un pollo del HEB, cuyos huesos terminarán en bolsas de plástico negras. Así de simple y cruel es nuestra realidad.

 

Vale la pena preguntarnos qué es necesario para que compremos una verdad. ¿Necesitamos datos científicos que la respalden?¿Queremos evidencias de que es una verdad verdadera? ¿O basta solo un buen plan de venta?

 

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Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.