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Chimpancé: una máquina biológica

La fiesta de un grupo de artistas se ve interrumpida por unos asaltantes. Los primeros, cansados y hartados del clima de inseguridad en la ciudad, deciden hacer justicia por su propia mano y golpear y someter a uno de los asaltantes. Violencia generando violencia, en un espiral que parece nadie querer detener.

 

Bajo esta historia, David Colorado escribió la obra “Chimpancé: una máquina biológica”, un texto que, tras haber tenido algunas lecturas en España y Portugal, fue presentado en México durante el Festival de la Joven Dramaturgia (Querétaro, 2015). Durante dicho festival fue descrito como un texto complicado (aquí y aquí  ) y así lo es.

 

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La obra no está escrito en un formato tradicional lineal o basado en diálogos, tampoco está escrito exclusivamente en formato narratúrgico. Es una serie de fragmentos escénicos ligados a veces fuerte a veces delicadamente para, al mismo tiempo, contar una historia y presentar un ensayo relacionados con el instinto violento de los humanos.

 

En un primer acercamiento al texto (el cual puede leerse aquí ), pudiera parecer casi imposible de llevarlo a escena, sin embargo Paty Estrada, creadora escénica xalapeña y directora del Festival de la Joven Dramaturgia, vio en la obra una posibilidad de llevarla a escena. Al acercarse con Colorado para pedirle el texto para montaje, se abrió la posibilidad de trabajarlo juntos, lo cual dio pie a una puesta en escena con elenco multiestatal y en la que intervinieron tres compañías productoras mexicanas: TRES Colectivo Escénico  , La Resistencia  y El Gato Tuerto

 

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A sabiendas de que la fortaleza de la obra está en su texto, los esfuerzos se enfocaron a la forma en que los actores cuentan cada escena. Para ello, se apoyan en un dispositivo escénico sencillo compuesto por una mesa y dos sillas, una iluminación basada principalmente en tres barras de luz colocadas en el suelo de cada extremo del escenario, y un vestuario sobrio en tonos grises y negros. El ambiente se adereza con las intervenciones musicales en vivo de Hiram Kat, quien con sólo una guitarra eléctrica logra crear atmósferas adecuadas a cada escena.

 

El montaje permite al espectador enfrentarse de forma más cruda a la violencia que como lo haría leyendo el texto, ya que las peleas, coreografiadas por Iván Ontiveros, demuestran el odio y el hartazgo traducidos en violencia física. Curiosamente, es en el personaje que interpreta Ontiveros sobre quien recaen casi todos los actos de violencia, no solamente física, sino verbal y psicológica, y cuya apariencia y desplazamientos escénicos son parecidos a los de un primate.

 

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El grupo de artistas que termina violentando al asaltante, funciona en escena como un solo personaje integrado por otros cuatro, una especie de coro contemporáneo. Este coro, nos va mostrando durante la obra diferentes formas en que la violencia se ejerce y se recibe, aún y cuando como humanos creemos que somos capaces de controlar los impulsos animales. Así, nos permite encontrar la violencia en actos tan cotidianos como un desayuno, una beca artística o una plática de borrachos.

 
Tuve la oportunidad de ver la obra en dos ocasiones: una en Ka Ye Kuali, un espacio independiente ubicado en el centro de Monterrey y la otra sobre el escenario de la Gran Sala del Teatro de la Ciudad. En este último espacio, la obra lució estéticamente limpia, ayudada en gran parte por las instalaciones (iluminación, audio, oscuridad total) sin embargo el público fue ubicado a una gran distancia del escenario principal, por lo que en ocasiones parecía que lo que acontecía en escena estaba distante.

 

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En cambio, durante la función en Ka Ye Kuali, un espacio mucho más pequeño tanto en espacio como en instalaciones, el ambiente íntimo permitió tener más cercanía con la violencia en escena. Quizás dado el origen de la obra, el montaje funciona mejor en lo que Antoine Vitez llama “lugares-refugio”, aquellos que en un inicio no han sido concebidos para el teatro, pero que dadas ciertas circunstancias, acogen en su interior al teatro.

 
La obra se ha presentado en varios recintos como Área 51 (Xalapa) y Un Teatro (CDMX) y recientemente fue seleccionada para la 37 Muestra Nacional de Teatro en San Luis Potosí, dentro de la línea temática Teatro de Intención Artística y Propuesta Escénica. Habrá que ver las reacciones que genera el montaje, el cual volverá a presentarse en un “lugar-refugio”, la Unidad Deportiva José López Portillo de esa ciudad.

 

 

FICHA TÉCNICA

ELENCO:
Morena González
Iván Ontiveros
Karina Eguía
Víctor Hernández
Patricia Estrada
David Colorado
Hiram Kat
Mayra Vargas

Dramaturgia: David Colorado
Dirección: Patricia Estrada y David Colorado
Producción: TRES Colectivo Escénico en colaboración con La Resistencia y El Gato Tuerto

Asistencia de producción: Mayra Vargas
Asistencia técnica: Maribel Amezcua.
Entrenamiento y coreografía: Iván Ontiveros
Arte, iluminación y sonido: Hiram Kat
Escenografía: Iván Ontiveros
Montaje set: La Resistencia

Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.