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Amsterdam Bulevar

Por mucho que se quiera decir que hemos avanzado como humanidad en términos de tratar a “el otro” como uno mismo, la verdad es que todavía queda mucho tramo por recorrer. Tenemos leyes que castigan la discriminación en cualquiera de sus formas, sanciones duras contra el maltrato e incluso campañas de comunicación fomentando el respeto y la tolerancia hacia el que piense diferente, sin embargo falta cambiar los patrones culturales que nos hacen sentirnos superiores al otro y, por tanto, con la capacidad de ejercer un poder donde él.

 

“Amsterdam Bulevard” es una obra escrita por Jesús González Dávila, que relata un episodio en la vida de Gaby, un joven homosexual de clase baja quien cuida de su padre enfermo. Gaby se encuentra empacando sus cosas ya que se mudará de apartamento, quizás por la necesidad de buscar una nueva vida, pero se verá interrumpido por Chava, un ex amante que regresa a pedirle un favor.

 

 

La trama se vuelve más complicada cuando vamos descubriendo varios detalles sobre la vida de Gaby. Por ejemplo, sólo se hace acompañar de un amigo, Felipón quien, aunque dice odiar a los homosexuales, acepta a Gaby “porque tiene buen corazón” cuando en realidad busca vivir de él. Con Chava mantiene una relación tóxica, ya que éste lo ve sólo como su amante y proveedor, mientras que Gaby sí busca un amor serio. Su papá, enfermo y senil, termina siendo una carga para él, un peso más a todos los problemas que ya tiene. Las relaciones de Gaby muestran un desbalance de poder: todos se benefician de él, pero él no tiene a nadie a quién recurrir.

 

La puesta en escena del texto de González Dávila se llevó a cabo en el Foro Arcadia, bajo la dirección de Rogelio Villarreal y con las actuaciones de Eric Villanueva, Sergio Duarte, Víctor Martínez y Chema Lozano. Las actuaciones son convincentes, quedándose en el punto justo para no caer en el melodrama telenovelesco. Chava, interpretado por Sergio Duarte, llega a ser un tipo al que uno puede odiar sin ninguna pena. Eric Villanueva hace el papel de Gaby, quien parece ser el que sufre todos los males en esta obra y a quien en algún momento le podríamos tener lástima, pero queda la reflexión de que además de que le ha ido mal en la vida, ha tomado malas decisiones.

 

La propuesta escénica conserva el estilo realista del texto, situándonos en la sala-comedor un departamento descuidado, sin que esté ubicada en una época específica, como diciéndonos que es una historia que pudo haber ocurrido hace treintaaños o ayer mismo. Sin embargo, sería bueno cuestionarse si en estos tiempos el estilo realista en el texto y costumbrista en la escena, siguen siendo efectivos para contarnos una historia, y que no parezca de repente estar viendo un montaje de otra época.

 

Aunque en un inicio la obra pareciera sólo abordar el tema de la homofobia, su crítica social va más allá de una preferencia sexual. El sacar provecho de las relaciones de poder es algo que ha dañado a la humanidad. Lo podemos encontrar no sólo en relaciones sentimentales, sino también en la familia, en las universidades, en el trabajo y, por supuesto, en la política. Habrá que empezar a querernos más primero nosotros mismos y luego a nuestros más cercanos. Quizás con un poco de amor viviremos mejor.

 

Carlos López Díaz

Espectador norestense interesado en el quehacer teatral regiomontano. En 2015 lanza al internet el blog Jardín en Llamas, en el cual escribe sobre el teatro que se hace en Monterrey. Ama las tramas más que los desenlaces.